sábado, 15 de marzo de 2008
lunes, 3 de diciembre de 2007
¿Madurez o autorepresión?
Para probar lo primero no hace falta demasiada agudeza: al mirar un curso de 6° de primaria se ve claramente que mientras los chicos continúan con su insoportable vocecita Mac Allisteresca, las chicas están mas cerca de “Batistuta-Crespo” que del Pampeano colorado.
El segundo postulado es un tanto mas discutible. Aunque no deja de ser cierto. Los chicos juntan figuritas, corren en el patio al ritmo del partido de fútbol, juegan pulseadas, etc. Mientras que las chicas, sentadas a un costado, hablan sobre chicos mas grandes, o sobre el vestido que se van a poner para ir a la fiesta de 15 de su prima. En fin, no se de que hablaran. (soy de los que jugaban al fútbol todo el recreo)
Lo que quiero discutir es el orgullo con que las mujeres asumen esta situación. La sensación de superioridad que les aflora al oír esta premisa.
La primera pregunta que me hago es: ¿Y después que?
¿Seguirás madurando? ¿Te estancarás en ese grado de madurez? ¿Serás mas inmadura?
Yo lo asocio mucho a lo que pasa con las frutas, por ejemplo.
Una fruta que no esta madura aun no esta lista para ser ingerida, es decir que todavía tiene tiempo para disfrutar del sol, de sus amigas frutas inmaduras, de jugar a la pelota, de hacer pulseadas, de cambiar figuritas sin ninguna preocupación.
Una fruta en el punto justo de madurez, está lista para ser ingerida y es feliz por ello. Esta en su momento de esplendor. Pero ya no le queda mas tiempo para hacer las cosas que hacía cuando podía ser inmadura.
Y, si la fruta ya paso su etapa de mayor esplendor, se pasa de madura. Y no tiene nada. Ni su esplendida figura, ni la posibilidad de no tener preocupaciones.
Madurar es sumar preocupaciones. O.. no, mejor que preocupaciones, responsabilidades. Es inevitable madurar, pero.. ¿Por qué creen que es bueno madurar antes? Después no hay vuelta atrás. Una persona que maduró, por mas que quiera, no puede volver a la absoluta (y placentera) irresponsabilidad.
Entonces queridas mujeres que al oír “Las mujeres maduran mas rápido que los hombres” exhiben una cara de satisfacción, déjenme decirles que las compadezco.
Para una persona de 11 años es mucho mas sano reírse de bobadas, que estar pensando en “que estúpido, como me voy a reír de esto”. Es mas, déjenme decirles también que creo que bajo esa supuesta superioridad se esconde la envidia. Envidia por no poder reírse de esas chiquilinadas por miedo a ser vistas como imbéciles.
Reprimidas mas que maduras son.
Porque después viene la adolescencia, y ahí el hombre empieza a madurar físicamente, pero todavía sigue divirtiéndose con boludeces. Tal vez a eso le agregue mujeres. El hombre empieza a necesitar a la mujer, y ese es el comienzo del proceso de madurez en el hombre. La primer responsabilidad/preocupación que el hombre tiene en su vida. Pero aun continua divirtiéndose con el metegol, o con la Play Station. Y ¿la mujer que hace? Mira. Tal vez empiece a fumar para mostrar lo grande que es, pero esencialmente mira, y comenta de lo inmaduro que es el hombre. En lugar de divertirse independientemente, necesita hablar de lo que hace el hombre. Mientras el hombre ríe por alguna situación divertida que ocurrió en el metegol, la mujer crítica esa estúpida risa.
Por esto digo que la mujer no es mas madura. La mujer se reprime. Hay hombres que también lo hacen ya sea porque quieren levantarse a alguna chica dándosela de maduro, o simplemente porque son aburridos. Pero realmente me da risa cuando la mujer se regodea por “madurar” antes que el hombre.
Extraño que mi única preocupación sea obtener la figurita número 157 del álbum de Dragon Ball Z.
lunes, 5 de noviembre de 2007
Pensamiento animal
¿Tendrán algún tipo de relación la reflexión y la desesperación? Yo creo que si. Son antónimos. Una persona reflexiva no desespera. Y una persona desesperada no reflexiona.
Recuerdo un capítulo de Los Simpsons (en el que “matan” al Capitán Jack, el cocodrilo). En una parte de ese capítulo, el auto de la familia (con ellos dentro) es arrollado por un tren que los comienza a arrastrar por las vías. Ante esa situación Homero propone una única acción consecuente: Dormir.
Sabia decisión.
El placer de saberse en una próxima mala situación, y disfrutar esperando a la catástrofe es enorme.
¿De qué sirve desesperar? Si el desastre llegará de todos modos. Los segundos, minutos, horas, días, años (lo que sea) que dure el estado de placentera espera deben ser disfrutados al máximo. Porque se tiene noción del abrupto final de la espera, y solo queda disfrutar el tiempo previo a ello.
Que bueno sería tener siempre esa certeza.
Uno viviría y pensaría únicamente en el presente, porque ya conocería el futuro.
Uno valoraría la cosa mas mínima que le obsequia la vida, sin caer en presunciones absurdas que lo único que logran es preocuparlo anticipadamente sobre algo que ya va a tener tiempo de preocuparlo.
¡Quiero disfrutar de un perfecto atardecer sin tener en la mente mis problemas!
Eso. Quiero purificar la alegría.
Que no hay imagen (o serie de imágenes) mas desagradable que el tramo entre una cara sonriente y una cara común.
jueves, 1 de noviembre de 2007
Noche de dilemas
Lo importante es tomar la decisión. Evaluar que pesa mas: La vagancia o el bolsillo. Otra que Bilardista o Menottista. ¿Ser vago o ser tacaño?
Porque claro, la vagancia tiene un precio alto, obviamente siempre que uno aspire a vivir con cierta normalidad alimenticia, y en otras cuestiones vitales.
Y la tacañez (si existe el verbo googlear, cualquier palabra es valida) también tiene su precio ( sin hablar estrictamente de lo monetario)
En términos matemáticos, no me atrevería a decir que Vagancia=1/Tacañez, pero agregando alguna otra variable de menor rango, la fórmula (ya la perfeccionaré) estaría aceptable.
¿A que viene esto?
Sábado 21 30 hs. En casa con amigos. Guerra de estómagos rugiendo de hambre.
¿Cocinamos algo, o vamos a comer al restaurant de enfrente?
El que defendía la opción uno alegaba cuestiones monetarias . Los que defendíamos la opción dos alegábamos que la explosiva combinación entre las pocas ganas de cocinar y la urgencia por comer iba a hacernos volver violentos. Por mayoría simple (nose porque simple, pero queda excelente), se decidió por la segunda de las opciones.
Al llegar al restaurant noté, no sin asombro, que a pesar de vivir frente a el jamás me había percatado de lo grande que es. Lo cual es un problema, ya que el mozo debe tener una vista aguileña (Las águilas tienen buena vista, ¿no?) para poder observar cuando desde la mesa alguien lo esta solicitando. También el mozo necesita un gran estado físico para recorrer tantas veces el largo trayecto. Y por último requiere un gran temple: No es joda que te toque un cliente molesto, de esos que se quejan hasta del color de las servilletas, y te haga ir y venir todo ese trayecto para pedirte las cosas mas banales posibles. Se requiere un gran temple. Por todas esas cosas, pensé que el curriculum de esos mozos debía ser de lo mas extraordinario del mercado. Incluso llegue a pensar que eran potenciales Clark Kents.
Iba a pedirle un autógrafo al mozo que nos toco en suerte, pero justo en ese momento mis ojos (constantes buscadores de detalles mínimos) percibieron una situación interesante:
Hay parejas que se sientan enfrentadas, y otras que sientan uno al lado de la otra.
¿Qué dice este detalle sobre la calidad de la pareja?
El grupo de los “enfrentados” prioriza la visión periférica de la otra persona. Es una posición mas armoniosa, mas afín con la simetría. Ya desde el tan Argentino juego del Truco se sabe que las parejas deben posicionarse enfrentadas. Es una pareja mas seria, mas formal. De esas que duran mucho tiempo.
El grupo de los “cercanos” prioriza la constante posibilidad de tocarse mutuamente. Los toquetones podríamos llamar a este grupo también. Este tipo de parejas es de esas que en cualquier lugar demuestra su amor. En donde sea, uno los ve y sabe que son novios. Se besan, se hablan al oído, se abrazan, ya sea en un boliche, o en un colectivo, subte, cementerio, farmacia, donde sea. Generalmente son parejas que duran menos, pero el tiempo que duran transcurre con una mayor densidad de emoción que la del grupo de los “enfrentados”.
El súper-mozo llego con mi pedido: la siempre efectiva “Milanesa Napolitana c/ Fritas”. Y logre comprobar una teoría vieja que tengo: La contextura física de la porción de comida es inversamente proporcional a la contextura física de la persona que la pidió. Esto es: La comida pedida por una persona gorda siempre es una porción pequeña. A menos que el gordo en cuestión conozca ya el lugar, y sepa que pedir para poder saciar su hambre.
Hay una serie de ruidos que juntos indican la inminente finalización de la cena. Un movimiento de silla, una interjección que incluya la letra a exageradamente repetida, una tos falsa, un bostezo, entre otros. En esa etapa estábamos, así que fue pertinente discutir sobre el tema “Propina”. ¿Qué cantidad de dinero es la menor pero sin salir de la decencia?
Con simpleza se decidió poner 1$ por persona, la decisión fue tomada en un ambiente similar al que hay cuando uno da limosna, creyéndose buena gente por realizar esa acción. Iba a acotar la calidad de superhéroes de los mozos del lugar, pero por temor a que el fiel eructo de después de cenar acuda a mi (había damas en la mesa contigua) decidí no abrir la boca.
Nuevamente en casa, en paz con el mundo, se produjo un nuevo dilema: ¿Salir a buscar diversión, o disfrutar del decreciente placer de tirarse a no hacer nada?
Pero la pachorra ya había invadido mi cuerpo. No se que ocurrió después. Solo se que al otro día desperté con lápiz labial, y ese tipo de cosas, sobre mi inocente cuerpo...
jueves, 25 de octubre de 2007
Cómo un sol(dado)
Si uno la juega de valiente, pierde. Porque va a confrontarlo, y se expone a la demencia de sus rayos. Uno insulta, usa la mano como carnada, pero el sol sigue ahí. Constante, molesto, penetrante. No parece ser esa la táctica mas efectiva para enfrentar al sol.
La otra es esperarlo. Una actitud menos heroica, pero mas inteligente. Esconderse debajo de algo que en ese momento este confrontándolo por uno. Pero aun así.. aun así el sol encuentra la manera de molestar, de inmiscuirse en la vida de uno. Reflejando en algún vidrio la belleza endemoniada de sus rayos. Y a pesar de que uno esta en la sombra, a pesar de esa cobarde situación, los rayos encuentran la manera de hacer irritar a nuestros ojos, para avisar su constante presencia. Como si hiciera falta..
En esa situación me encontraba yo, un día de la semana pasada. En una vereda de la Avenida Cabildo, buscando la manera mas efectiva de enfrentar al sol.
Ustedes pensaran ¿Por qué no se dedicó a seguir su camino y ya?, algo que sin dudas hubiera sido mas efectivo, huir, como todos lo hacemos en la batalla contra el sol. Soldado que huye.. en fin.
Pero no, no podía hacerlo. Estaba acompañado, en este caso mi novia, quien de manera un tanto inoportuna decidió ingresar a un local de ropa interior femenina al cual me negué a ingresar. Ella me miró, como sorprendiéndose por mi valentía de esperarla afuera, cara a cara con el sol. Pero no dijo nada. Ingreso al local, dejándome solo ante ese monstruo.
¿Qué piensa la gente cuando ve a un tipo parado al lado de un local de ropa interior femenina, haciendo extraños movimientos (producto de la imperceptible batalla), insultando a nadie visible, entre otras bizarras acciones?
Mas de uno me miró, como esperando que le de un volante, o le comente algo acerca de un boliche, o de una empresa de celulares. Pero no. Mi inmutable presencia, no lograba captar mas de 3 segundos de atención en esa gente.
En un momento, cansado de la batalla, me siento. Ahí, al lado del local, en la cobarde sombra. Empiezo a observar a la gente que deambula por ese sector del mundo, y con el correr de las personas empiezo a notar algo:
Todas las mujeres (Absolutamente todas, lo juro) entre aproximadamente 14 y 55 años, al pasar delante del local de ropa interior femenina, voltean su cabeza y le dedican un vistazo de 7 segundos como mínimo. No hay mujer en ese rango de edad, que no mire al local. Hay una especie de fascinación por la ropa interior, así como un hombre al ver pasar una mujer de manera automática se da vuelta para ver su parte trasera, la mujer al pasar por un local de ropa interior voltea la cabeza del mismo modo. Para así, poder seguir en paz su camino.
Que extraña coincidencia en el accionar. Incluso, es algo que puede definir con simpleza a la mujer y al hombre. Mismo accionar, en distinta situación. Uno fascinado por una parte del cuerpo de la otra, y la otra fascinada por una prenda que vestirá esa parte del cuerpo (entre otras).
Lo hace pensar a uno.
En eso pensaba yo, cuando por fin veo salir del local a mi novia. Yo creo que se alegro por verme sano y salvo a pesar de la cruel batalla que tuve que protagonizar. La verdad no se si se habrá alegrado...
Lo que si se es que me dijo: “Me compre una ropa interior que tiene bordados unos solcitos tiernísimos”.
Y es así.. uno trata de que estén felices, se ocupa de ellas, hace cosas que lo perjudican solo para contentarlas. Pero al final ellas terminan tranzando con el enemigo.
lunes, 15 de octubre de 2007
¿Quién mereció ganar?
Alejandro Fabbri, a la tabla del ping pong insiste en llamarla “la tabla de los merecimientos”, lo que parece indicar que el cree que el resultado del ping pong de un partido es fiel a los merecimientos de ganar el partido de cada equipo.
¿Tiene sentido creer tal cosa? A mi entender no. El ping pong es muy frío, no entiende de situaciones de partido, principalmente se olvida del gol: Un gol rompe el partido, el equipo que recibe el gol debe salir a buscar el empate, y el que hizo el gol tiende a replegarse. Eso más que hablar de merecimientos, habla de desesperación. Así, la tabla de ping pong premia al deficiente en la definición, y castiga al preciso en ella.
Si bien la cantidad de jugadas de gol es un elemento importante, el ping pong se olvida de temas como el dominio del balón, la calidad defensiva de un equipo, y sobre todas las cosas la calidad de la jugada de gol en cuestión (Un tiro de 30 metros fácilmente atrapado por el arquero, vale lo mismo que una jugada colectiva sensacional que finalizó con un mano a mano que pego en el palo).
Una parte del libro “Lo suficientemente loco” de Ariel Senosiain habla sobre el método que utiliza Bielsa para analizar esta cuestión:
“Cuando analiza por televisión un encuentro, lo divide en fragmentos de cinco minutos. En cada uno califica individualmente, marca situaciones de gol, extrae porcentaje de posesión. Dibuja las jugadas que le agradaron y así extrae el equipo que dominó”
Este método parece estar un poco mas cercano a la realidad que el ping pong. Porque analiza el partido completo, y no únicamente jugadas aisladas. Y también tiene en cuenta otras situaciones además de las “jugadas de gol”. Igualmente, también deja de lado al gol, y las consecuencias que este trae.
La conclusión a la que llego es que aun no hay un método efectivo para determinar que equipo dominó el partido, y es probable que este método no exista, porque el fútbol tiene situaciones imprevisibles, y todo método para ser efectivo necesita prever todas las variables existentes.
Y es una suerte que así sea, sino se acabaría toda discusión que vaya en esta dirección. Y creo que la ausencia de discusiones puramente futboleras no hace bien, porque da lugar a otro tipo de discusiones, que mezcladas con el fútbol me producen un marcado rechazo.
domingo, 14 de octubre de 2007
El mal de Olé
Creo que tiene que ver con lo que yo llamo “el mal de Olé”:
Periodistas que quieren sentirse cerca de la gente, y dejan de lado todo tipo de profesionalismo, para pasarse al lado del hincha. Señores que visten de traje, y opinan con el choripán chorreándoles grasa en la mano.
Yo puedo admitir que un hincha opine de manera apresurada, y denote una falta importante de información para poder sostener su pretencioso juicio. Lo que me resulta inadmisible, es que eso le ocurra a un periodista. Este, debe ser medido, fundamentado. Puede resultar una opinión mas aburrida por ser menos pretenciosa, pero un profesional no puede caer en otra cosa que no sea la búsqueda de la perfección, por mas aburrido que parezcan los medios para llegar a ella.
En estos tiempos de mundial de Rugby, he escuchado a muchos periodistas afirmar el siguiente juicio: “La selección Argentina de fútbol, tiene que jugar con el mismo sentimiento que lo hacen Los Pumas”.
Es una opinión de lo mas demagógica. Parece dar a entender que en el fútbol gana el que mas actitud ofrezca, el que mayor cantidad de litros de lagrimas produzca en el himno. Es utilizar la actual buena imagen que tiene el equipo Argentino de rugby, contra la mala imagen de la selección de fútbol, en pos de generar en la gente una adhesión instantánea a ese periodista.
¿Por qué esa necesidad constante de mezclar las cosas? El rugby es el rugby, y tiene sus códigos, su concepto de espectáculo, sus formas de juego. Y el fútbol tiene los suyos. El fútbol requiere mayor creatividad, el Rugby requiere una mayor dosis de agallas.
Tener que correr con la pelota cuando sabes que hay un gordo de 120 kilos que quiere evitar que sigas avanzando, sin dudas requiere mayor valentía que meter un pase entre miles de piernas rivales para habilitar a un delantero propio. Y esto último requiere mayor talento.
Pedirle a los jugadores de la selección Argentina de fútbol una actitud similar a la de los Pumas, es absurdo.
Yo no creo querer una selección que salga con esa adrenalina, con esa dosis de irracionalidad necesaria en un jugador de rugby, pero completamente absurda en uno de fútbol. Es probable que terminen todos expulsados de ser así. Cada deporte tiene sus cantidades de actitud y talento adecuadas: Por ahí el rugby requiere una dosis de talento similar a la dosis de actitud que requiere el fútbol, y viceversa.
Un partido que puede graficar esto, es el de Argentina-Chile de semifinales del mundial Sub 20. Por un lado, Chile que salio a jugar una guerra. Con amor propio, con garra, con una altísima dosis de actitud. Por el otro, Argentina que salio a jugar al fútbol, sin dejar de lado la actitud, pero sin exagerarla. Yo mas que pedir que la selección juegue como Los Pumas, pediría que juegue como jugo ese partido la selección Sub 20.
Seguramente algún periodista haya pedido lo mismo cuando el mundial Sub 20 era lo que estaba de moda...